martes, 5 de marzo de 2013
Todo empezó poco a poco. En la segunda mitad de la década de los ochenta, el Deportivo se paseaba sin
pena ni gloria por la Segunda División Española. En aquel momento, el equipo blanquiazul no contaba con
un grupo de aficionados organizado y estructurado que viajase asiduamente con la plantilla para animar en
los partidos a domicilio.
Pero en 1986, en un partido jugado contra
el Oviedo en el Tartiere en el que el equipo
blanquiazul se jugaba el ascenso a Primera, el
Ayuntamiento herculino puso a disposición de
los aficionados varios autobuses gratuitos para
acompañar al equipo deportivista al Principado
en este partido tan importante. Más de tres mil
personas viajaron con el Deportivo en aquella cita.
Aquel viaje a Oviedo fue el primer desplazamiento
con el equipo para muchos, quienes a buen seguro
guardarán un buen recuerdo de la experiencia, pero
es justo destacar que en aquellos años se tardaba
en llegar a la capital ovetense alrededor de seis
horas y por una carretera, la de La Espina, que era
y todavía es, un infierno de curvas para todos los
viajeros.
La fiesta no fue completa porque el equipo perdió
1-0 con polémica arbitral incluida, pero lo mejor
de aquel viaje fue que a un grupo de jóvenes
aficionados les quedó un sabor de boca tan dulce
tras esta experiencia que empezaron a pensar
en repetir la excursión pero ya como un grupo
organizado.
Este grupo de aficionados, que poco tiempo después
se convertirían en los Riazor Blues, viajaron con la
peña Barrio Sésamo, el único grupo de deportivistas
organizado que había en A Coruña en los años
ochenta.
Con esta agrupación blanquiazul, el futuro núcleo
de los Blues recorrió media España con la Barrio
Sésamo y con la mascota oficial de esta peña, una
cabra que también conoció muchos lugares de la Coruña.
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